
La
discapacidad hace parte de la condición humana, pues casi todas las Mujeres,
padecerán algún tipo de discapacidad transitoria o permanente en algún momento
de sus vidas, especialmente en la senilidad, etapa en la que se experimentan
dificultades progresivas en el cuerpo.
En
muchos municipios de Santander, apreciamos una variable para identificar a las Mujeres
en condición de discapacidad, teniendo en cuenta el enfoque de limitaciones en
las funciones corporales, evidenciando una prevalencia de discapacidad física o
motriz, establecida por la existencia de una limitación permanente, leve y
severa, para moverse o caminar; discapacidad sensorial visual, limitaciones para
ver, a pesar de usar lentes o gafas, entre otras discapacidades.
Este
sector de la discapacidad, se reconoce por su bajo desempleo, a pesar que son
Mujeres muy preparadas, laboriosas, responsables y emprendedoras; sin embargo,
los altos niveles de informalidad que se registran generan un llamado de
atención a las autoridades, para procurar opciones de formalización y
encadenamiento productivo. Su economía se ha especializado en el comercio de
bienes y servicios, aunque existen otros renglones representativos, tales como
las micro empresas de calzado y confección, la prestación de servicios manualidades,
finanzas y educación; otro sector significativo de la economía es la
transformación de productos agropecuarios desde cada una de las veredas de Santander.
Pese
que, las políticas públicas y otros programas orientados hacia la discapacidad,
las Mujeres en condición de discapacidad, no han logrado en su mayoría una significativa interacción con la sociedad,
así mismo, vemos muy limitada la orientación psicológica, laboral y educativa,
hacia ellas, sus entornos de cuidadores y familiares, que han sido prácticamente apartados y excluidos
de la sociedad, sin poder tener satisfechas sus necesidades y el goce pleno de sus derechos.

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